miércoles, 4 de enero de 2017





Tenías razón, no le convengo a nadie.

Creía ser oxigeno y solo fui gas robándole espacio al aire en una casa familiar cerrada.
Creí ser parte de un todo, y en realidad era la nada.
Resulté ser agua helada, pegada a los labios de un muerto de sed.

Tenías razón cuando decías que escribir así jamás me permitiría ser feliz.

Me ha costado tanto aprender que a veces correr no implica llegar antes, no entendía que la vida tiene una etiqueta en la que pone: respira hondo, aquí va otro golpe.

Ahora, miro al cielo portando diamantes cada vez que el sol quiere regalarme alguno de sus soplos de luz.

Observo el horizonte y llego a la conclusión de qué tenías razón en todo.
 Eres demasiado complicada, 
decías,
Y yo me sentía como un cubo de rubik en manos de un daltónico.
Como si fuera el grito de un afónico cuando está ahogándose a la deriva y un barco lo esquiva.

Soy alma compulsiva que cuando encuentra un corazón intenta ser algodón en una piel rasgada por una vida abrasiva.

Porque es fácil convivir con la pena, la tristeza se adhiere a ti como una blusa mojada.
Lo díficil es vivir en la alegría, ser el que confía, contener la respiración en ese maldito momento donde sientes que si tuvieras que morir y elegir cuándo has cometido tu misión en la vida elegirías, sin dudar, ese día.