miércoles, 28 de diciembre de 2016







No me fío ni de mi sombra. Y hago bien, pues hasta ella se va cuando el tiempo deja de ser cálido.
Es posible que mis ojos puedan albergar algo más que tristeza y desconfianza.
Pero no va a ser hoy. Quizás mañana.
Tengo mil escritos guardados en un cajón por no ser nunca lo suficientemente buenos (y por eso no desentono en mi cuarto). Qué esperabais de un alma rota que trata de recomponerse con cada abrazo, desesperada por encontrar las pestañas que se le cayeron para recuperar las oportunidades de deseos tirados.
El somier de mi cama ya no aguanta el peso de los sueños rotos y en el aire flota la nostalgia de aquellos dientes de león que desaparecieron volando con la promesa muda de la esperanza.
Pero, habiéndolos arrancado del suelo, ¿qué deseo van a concederte?.
Y quizás por eso yo me agacho despacito para susurrarles lo que necesito.
Aunque nunca me escuchen. Aunque siempre me ignoren.

Cuando la frase que te de las buenas noches esté ausente y lo único que oigas sea un "Me quiero morir" de fondo, entonces, podrás juzgarme.
No entienden que me derrumbe por las cosas más insignificantes, no entienden que, en realidad, lloro por las pequeñas cosas porque estoy soportando el peso de las grandes.
¿Y si todo a tu alrededor fuese oscuridad?

Sabía que no iba a mejorar, pero no me paré a pensar en que podía empeorar.



 



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