jueves, 15 de septiembre de 2016





 


Alguien llora,
pero ya no soy yo.
Después de dormir con escorpiones,
me hice inmune al veneno,
le gané terreno a la valentía
y la siguiente vez que trataron de atacarme
me estaba riendo.

miércoles, 14 de septiembre de 2016





Mi fantasía sexual preferida es la tranquilidad.
No sé dejar de hablar cinco minutos como si fuésemos doctores honoris nausea en alguien. 
El amor es hacerlo, el desamor necesitar contarlo, o no. 
Cuando el plan B consista en pensar qué coño hiciste tan mal en el A, llegara la típica escena de treinta días después del hasta nunca, bajando en albornoz y ojeras a comprar tabaco. 
Desubicada como la menopausia aterrizando en el corazón, como un puticlub en un imaginarium, como un bono bus en un checkin’ online. 
Vivo de milagro y no tan muerta de prisa, curtida más en perdón que en olvido, abandonada en una gasolinera, pero al fin sin correa. 
Entendiendo por silencio una canción que no hable de lo nuestro, pero descubriendo que ninguna es buena, si además de dedicarla no asumes que podrían dedicártela a ti. 
Vendrá la rabia que es terrible porque la solemos confundir con la tristeza, que es más el temor a quedarte solo que el hecho de estarlo. 
Y volverán las oscuras golondrinas, el allende los bares, las babas de marca blanca, huir de los enamorados como de tocar restos de comida en el desagüe del fregadero, la jaula del tiempo libre, las verdades a contraluz, la quietud del reloj, los hooligans contra la caja torácica y los consejos que tanto has dado y terminaras desoyendo. 
Poner en las ies puntos que no volverán a ser suspensivos llevándote por delante la vereda de la puerta de atrás y comprender que de esta, como de tantas otras, tendrás que salir sola. 
Cuando la gente lo olvide y tú no puedas, cuando nadie sea cuerda, cuando te descubras útil de intentar subirte las mangas con los dientes al fregar los platos rotos, las instrucciones al llegar al orgasmo y al salir del infierno serán las mismas : grita todo lo que necesites, agárrate fuerte y vete.

martes, 13 de septiembre de 2016







Me dijo adiós, te echaré de menos.
Es algo triste, pero al final pierden los buenos.
Cosas del amor y sus venenos, licor de celos, dolor, besos y truenos .

Vuelvo al lugar donde la vida es gris a mi propio país, de humo blanco y de hachís.
Con un verso de Neruda en el oído: '' es corto el amor mucho más largo es el olvido ''

Así que… no busques en mi consuelo y lumbre, porque solamente puedo darte incertidumbre.
La duda desgarrada en la costumbre, el alma desnuda de la poeta que sucumbe.
Busco una frase, una cura, un presagio, algo que me salve del naufragio.
Una canción como una herida que pase inadvertida y saque al corazón de su guarida.
Porque, la vida es esto, jugarse el resto, al final todo se acaba y solo te vas con lo puesto. 

Ya no pienso en ti cada minuto, ahora solo escribo mi dolor y lo disfruto.
En esas noches que el amor está de luto, no sé si suicidarme o encenderme otro canuto.

lunes, 12 de septiembre de 2016






Sería muy injusto mirarte y decir que no fuiste nada para mi.
Sería como intentar borrar un capitulo de mi historia, de nuestra historia, capítulos que leí mil veces aún sabiendo el final. Un final de un libro lleno de buenos momentos
Tampoco sería justo ahora decir que todo fue una mierda, lo hiciste muy bien, siempre supiste cómo hacer para tenerme atada a un sentimiento, a una historia inacabada, a ti. 
Pasé los mejores momentos de mi vida entre tu risa, no lo voy a negar, sabias como hacerme sonreír incluso cuando quería romper a llorar, encontré en tus brazos el hogar donde pasar todo el invierno, donde resguardarme de la lluvia y del frío, de las despedidas, de toda la mierda que nos rodeaba, fuiste aquello que siempre quise, fuimos todo aquello que en un día soñé para un futuro perfecto. Fuiste, todo lo que se le puede pedir al amor, todo lo que se puede llegar a ser; lo fuimos todo cuando todavía éramos nosotros. 
Pero el tiempo pasa y tal vez las personas cambian, o tal vez el amor se rompe, o tal vez ese amor nunca existió y cambiamos los besos por los versos de despedida, las madrugadas por aquellos atardeceres entre lágrimas intentado explicarte lo que sentía, como veía que se perdía aquello que un día fue hogar. Tal vez fui yo quien peor lo pasó por ser quien se dio cuenta que ya no me mirabas igual, que aquel brillo de tus ojos había desaparecido poco a poco, lentamente, y ya no me mirabas como quien encuentra la libertad en otros ojos. Intenté explicártelo y... Rayadas mías me decías, y tal vez, pero cuando algo empieza a cambiar... termina cambiando todo. Y lo sabía, cada vez las peleas duraban más y ya no era suficiente con un lo siento. 
Quizá el segundo síntoma fue la forma en que me abrazaste después de aquella discusión, nunca había sentido tanto frío, tan gran vacío como aquella vez, nunca había estado tan sola como después de aquel abrazo y, como duele la soledad cuando es cosa de dos. 
Lo tercero, y quizá lo último fueron los te quieros, cuando los decías por rutina y no por sentirlo, cuando ni siquiera me mirabas a los ojos para entendernos, cuando nuestras sonrisas iban siempre en dirección contraria. 
He de confesar que fue ahí cuando acepté el final, pero no quería aceptarlo es por eso que por las noches leí nuestra historia para saber donde fallé, cuando cambiamos las sonrisas por mis lágrimas, los besos por los versos, y hacer el amor por declararnos la guerra. 
¿Qué nos paso? Donde quedaron ese par de soñadores, los de la sonrisa eterna, los de los domingos de resaca, los que fueron todo cuando no eran nada, los que luchaban contra las mareas...

viernes, 9 de septiembre de 2016

 
 
 
 
Seguiré caminando.
Seguiré por todas las emociones que unen ésta pálida piel a mis huesos desgastados.
por que lo juré....
Seguiré, descalza, pese a cortarme con los trozos de aquellos sueños rotos.
Seguiré... porque mis heridas necesitan aire nuevo para cicatrizar....
Andaré pese a no dejar huellas tras mis pasos.
Y lo haré pese a que nadie me siga
pese a estar cansada.
Seguiré, porque a mi no me dieron más opciones.

domingo, 4 de septiembre de 2016




Y es que cuando somos pequeños creemos que somos los mejores, que somos perfectos, que algún día llegaremos a ser unas princesas preciosas o unos caballeros valientes como los de los cuentos, futbolistas famosos o astronautas, o quien sabe que. Creemos que somos únicos, que somos guapos, que todos nos van a querer siempre. Sentimos que somos el centro del mundo y que nada puede seguir sin nosotros. Necesitamos atención y no tenemos dudas acerca de nada, al fin y al cabo somos niños, nada de lo que hagamos puede estar mal, no tenemos nada de lo que preocuparnos. No sabemos lo que es el amor, pensamos de la manera más ingenua posible que es algo bonito y de cuento de hadas. Y en realidad, no tenemos ni idea, no sabemos lo alejados que estamos. Pensamos que encontraremos a la primera a alguien que nos llene, a alguien que nos quiera y que sea capaz de matar monstruos por nosotros. Que nos elegirá a nosotros, sin tener en cuenta a nadie más. De todas formas, eso nos creemos, los mejores, somos una belleza, especiales, adorables, irresistibles. Y esto es así. Hasta que llega un día, en el que nos damos cuenta de la puta verdad, de un modo u otro. Nos damos cuenta de que no somos los más importantes del mundo, de que siempre habrá gente más inteligente, más guapa, mejor persona; en definitiva, mejor que tú. Y es entonces, cuando comienzas a madurar y a entender algo de la vida. Es entonces cuando comienzan las inseguridades, las preocupaciones, las comparaciones, la falta de autoestima y el miedo. El miedo a ser rechazado, a que prefieran a otras personas antes que a nosotros, a que no le gustemos a la gente o a que nadie nos quiera, incluso el miedo a estar solos. Ese jodido día, en el que la cruda realidad aparece de frente, golpeándote de una ostia. Ese día en el que dejas de ser ingenuo, dejas de ser libre y empiezas a hacerte mayor. Ese maldito día que nos llega a todos, en el que afrontamos que no somos los mejores. Es uno de los mayores disgustos de la infancia, si. Pero tiene que llegar, y al final nos damos cuenta de que sin ese día, ahora seriamos mucho peores de lo que somos.