viernes, 29 de abril de 2016






Si miras al mundo como si fuera un paisaje, no encontrarás más belleza que la que aporta su esencia. No verás más allá que un orden injustificado de elementos que colorean la explanada en primavera y entristece a la estación del otoño.
Si quisieses es verdad que podrías mirar más allá de lo que dictan sus manecillas de vida, que hace que un día sea hora de pintor, y otro empiezas un arbusto incendiado.. Como tú, que estás recibiendo las palabras de este texto como letras aleatorias, cuando en realidad quiero transmitirte un mensaje. Como tu cara, que no tiene más que la expresión de una sonrisa inerte y tu mente que evalúa lo que estoy diciendo sin ni siquiera llegar a comprenderlo. No te das cuenta de que, si te paras a ver la vida, es entonces cuando puedes llegar a entenderla, y te empiezas a preguntar qué es lo que hizo que un corazón egoísta quisiera ser compartido, aunque una sonrisa floreciese, solo para hacer sonreír a otro. Porque la vida es un campo de batalla a veces, porque aprendemos a levantarnos después de todo. Solos o con ayuda de alguien que nos prestó su mano cuando teníamos los pies en el barro.

La verdad es que no soy la más indicada para hablar sobre la ética de nuestros actos, pero apostaría al rojo que nuestros mayores errores, no los hacemos con la mayor intención, porque entonces no seríamos humanos, sino un poquito gilipollas. Cuanto y cierto es que desde bambalinas todos sabemos ser críticos, y no nos damos cuenta de lo mucho que duelen nuestras críticas al paso de la bailarina, al pentagrama del músico, o al beso del poeta. Es fácil ver el error ahí donde tú no has puesto tu mano, pero cómo nos quema cuando somos nosotros los que pensamos que ese fuego no iba a fundir nuestras esperanzas, y que el destino no nos iba a decepcionar, que nosotros sí íbamos a ser los héroes. Decepcionar es una palabra que duele, y es algo así como una espada que atraviesa la ilusión y deja heridas que se quedan en el pasado, asustan al presente, y hacen borroso el futuro...

Me da miedo. Me da miedo como a veces el pasado parece quedarse a nuestro lado para siempre, y otras en cambio está tan lejano, que se nos hace difícil recordar que ocurrió para que de un sol radiante acabase llorando el cielo. Y es entonces cuando pagarías al demonio por tener todo lo que se perdió en este camino lleno de piedras, que hizo llorar al cielo, sí, pero también a tus lacrimales. Pero aún estás ahí, leyendo esto, y yo solo quiero que entiendas que la vida son dos días, y que te caes en uno y te levantas en otro, y este es el momento en el que tú tienes que levantarte.

lunes, 4 de abril de 2016






Hay un tipo de enfermedades que se hacen llamar "enfermades idiopáticas".
Esas enfermedades pueden presentarse de varios modos, en distintas personas y en cualquier momento.
Los médicos emplean ese término para referirse a las enfermedades de causa desconocida, es decir, cuando no tienen ni puta idea de qué te pasa.
Creo que lo mío son sentimientos idiopáticos, si es que se puede aplicar el término a los sentimientos.
No sé qué me pasa ni por qué, nadie sabe tampoco decírmelo.