miércoles, 28 de diciembre de 2016







No me fío ni de mi sombra. Y hago bien, pues hasta ella se va cuando el tiempo deja de ser cálido.
Es posible que mis ojos puedan albergar algo más que tristeza y desconfianza.
Pero no va a ser hoy. Quizás mañana.
Tengo mil escritos guardados en un cajón por no ser nunca lo suficientemente buenos (y por eso no desentono en mi cuarto). Qué esperabais de un alma rota que trata de recomponerse con cada abrazo, desesperada por encontrar las pestañas que se le cayeron para recuperar las oportunidades de deseos tirados.
El somier de mi cama ya no aguanta el peso de los sueños rotos y en el aire flota la nostalgia de aquellos dientes de león que desaparecieron volando con la promesa muda de la esperanza.
Pero, habiéndolos arrancado del suelo, ¿qué deseo van a concederte?.
Y quizás por eso yo me agacho despacito para susurrarles lo que necesito.
Aunque nunca me escuchen. Aunque siempre me ignoren.

Cuando la frase que te de las buenas noches esté ausente y lo único que oigas sea un "Me quiero morir" de fondo, entonces, podrás juzgarme.
No entienden que me derrumbe por las cosas más insignificantes, no entienden que, en realidad, lloro por las pequeñas cosas porque estoy soportando el peso de las grandes.
¿Y si todo a tu alrededor fuese oscuridad?

Sabía que no iba a mejorar, pero no me paré a pensar en que podía empeorar.



 



viernes, 16 de diciembre de 2016



Siendo sinceros, soy todos los complejos que me estallan en los lagrimales cuando me miro a un espejo. Las ruinas que nadie podrá reconstruir jamás. 
Que no se verme sin odiarme, ni vestirme sin llorar.
Sálvame, necesito que me agarres. Vienen curvas y yo sólo llevo puesto en el pantalón el cinturón de inseguridad, que siempre consigue herirme un poquito más. 

Quiero decir que algo que está completamente roto, puede llegar a convertirse en polvo; y lo mismo pasa con las personas. 
Sopla, me estoy a punto de evaporar.
Soy 99% defectos y el porcentaje restante se resume en miedo. Si te atreves a mirar y a juzgar, no hace falta que dispares... seré yo misma quien apriete el gatillo, no me hace daño una bala más.
90 caídas, 60 espinas, 90 heridas. 

Quiero que esta pesadilla acabe ya. Yo sólo necesito ser normal. Quiero que las heridas cicatricen, en vez de sangrar.
Ser libre, no vivir atada al reflejo que me escupe el puto espejo cada mañana.
Ana ya se ha ido, ahora es Mía la que está conmigo. Dice que somos amigas y que no me va a abandonar. 

Última llamada de auxilio: tenemos que parar esto, no pronto, sino ya.

viernes, 9 de diciembre de 2016





He vuelto.
He vuelto con la apariencia de frágil, y solo estaba siendo zorra ágil, que se relame con calma los dedos.
La paciencia es una virtud que se adquiere por agotamiento, y yo ya no estoy dispuesta a que una aguja marque la hora, para saber cual es el momento.
Ahora, ya no soy la que añora la experiencia dolora, la que implora quitarse un peso y devora con ansia un beso con la sensación traidora de que aquello es amor.
He vuelto por que no quiero ser la última, aunque ría mejor. Me limo la lengua. Ya no suprimo, ni reprimo un gemido y me reanimo en una maniobra de emergencia. Vanidad en efervescencia , 
drogodependencia del ego que acaba en decadencia de conciencia, de una generación que ya no es capaz de creer en el amor. 
Vuelvo para escupir la bala, respira e inspira, exhala.
Porque la peor bala no sale cuando aprietas el gatillo, si no la que duerme enfriándote la sien.

domingo, 27 de noviembre de 2016



Hacía tiempo que mis manos no se movían de esta manera, de la manera en la que bailan cuando escribo.
Hacía tiempo que las cosas no estaban tan mal.
Una hija de psiquiátrico y, ¿mis padres? Mis padres a días, unos haciéndome sentir la mayor bazofia sobre la faz de la tierra y otros dándome fuerza.

Ambiguedad.


Y vuelvo a llorar desconsolada, con el corazón hecho trizas al pensar en cómo podrían haber sido las cosas de haber escogido otros caminos, con menos gritos y más risas, con menos nervios y más esperanza. 


Quizás hoy os cuente un secreto.
Quizás hoy os diga, muy bajito, que me he intentado despedir de este mundo varias veces. 

Aunque lo cierto es que siempre me pareció egoísta ese tipo de despedida, y yo desde niña me he considerado generosa.
Quizás no podría soportar el dejar más rota a esta familia de lo que ya está y huir del desastre con las manos llenas de sangre. 


Me da igual si me creéis o no.
No tenéis ni idea de lo que os hablo.
No entendéis si quiera un pedazo de lo que os escribo.
No intento convencer a nadie con mi tristeza.



Tan solo estoy dejando mi testimonio en uno de esos días que desaparecería del mundo.

sábado, 26 de noviembre de 2016






Es absolutamente necesario suicidarse cada cierto tiempo.
Huir de uno mismo,
perderse,
levitar,
ayunar,
sentir el cuerpo vacío, dolorido.
Mudar la piel,
beber,
vomitar,
tocar fondo para después no recordar nada.

Estar ausente de todo.
Para después, aferrarse de nuevo a la vida. Reencontrarse.
Vestir colores pastel,m andar a paso ligero y sonreir a todo el mundo cuando te saludan.

- ¿ Qué tal estás, preciosa?
- Jodidamente bien, gracias.

sábado, 19 de noviembre de 2016



Cuánto han cambiado las cosas desde aquel día en el que me senté aquí a llorarle a los obstáculos. Sigo llorando a veces, pero no tanto. Se encargaron de decirme que nada se consigue con lágrimas, y de que una sonrisa es capaz de destruir rocas. He cambiado mucho, o eso me dicen, por lo menos dejé de entretenerme contando las espinas de las rosas. Hoy estoy sentada en el anden del metro, sin nada más que hacer que mirar a mi alrededor. Aunque parezca absurdo, la mayoría de veces no tenemos tiempo de mirar aquello que nos rodea, somos personas ocupadas al parecer. La cosa es, cuando te tomas un poco de tiempo para simplemente pararte, te das cuenta de las cosas. De que todo puede cambiar en cuestión de un segundo, de que muchas veces eres tú la que se ha vuelto más cabrona con los años, no la vida, de que la velocidad del tiempo la tienes tú, y solo tú decides cuándo pararlo o ponerlo en marcha. Veréis, el señor mayor que tengo al lado tiene la cara repleta de cicatrices, seguramente a causa de la guerra, y el chico de mi izquierda, demasiado joven para llevar un bebé en sus brazos luce un uniforme de trabajo con el que podrá mantener a su criatura. ¿Y yo? Yo ya no lloro. No, porque si el anciano de mi derecha o el adolescente de mi izquierda se hubiesen quedado llorando en vez de haber luchado, ¿dónde estarían esos héroes no reconocidos?. Así que aquí estoy, sentada esperando el metro, con ganas de lucir la sonrisa que ya no finjo, y demostrar que tengo más fuerza en mi interior de la que he mostrado últimamente. Todos tenemos luchas en nuestra vida, yo voy a pelear la mía. Espero que peleéis la vuestra.
Suerte.

viernes, 28 de octubre de 2016



Soledad...
¿Qué es la soledad?
El real diccionario de la lengua española la describe así:

1. f. Carencia voluntaria o involuntaria de compañía.
2. f. Lugar desierto, o tierra no habitada.
3. f. Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.


Podría decir que las tres definiciones podrían servirme , ya que esta sensación me invadió hace mucho tiempo y parece ser que no quiere irse.
Es triste, y duro, levantarse cada mañana sin ánimos, sin ilusión, sin ganas...
Más triste aún, considerarte buena persona, y que la vida te pague de esta manera.
Nunca me cansaré de repetir que en mi otra vida debí ser alguien muy malo porque si no, no me lo explico.
¿Algún día terminará esta mala racha? o ¿Me acompañara hasta el fin de mis días?
Ojalá supiera la respuesta...

jueves, 20 de octubre de 2016





En algún momento noté la hierba fría, y deseé que Roma ardiese. Y que todos los caminos llevasen a casa.  Agosto, tú a la tuya. No te vayas por donde has venido, que espero el año nuevo de Septiembre y no otro Julio prepotente.

Tranquilos, lo malo ya ha pasado. Y lo peor está por venir.
Nadie escribirá de ti cuando yo haya muerto. Puedes quedarte las flores, no soy de plástico.

Soy esa máquina de escribir que ya nadie usa por el miedo a equivocarse, porque la tinta no se puede borrar. Y guardan en un armario junto a todo lo bello, que no sabrán domesticar nunca.
Soy un recuerdo.


Los billetes de tren, las entradas de los conciertos, los recibos de hoteles y las fotos: eso no son recuerdos, eso son sólo dardos sin diana.
El recuerdo es el agujero, lo demás son sólo balas. Y bastantes disparos tiene una en la cabeza, como para encima ir tropezando con el arma.

Soy un seguro de muerte,
al menos estoy segura de algo: yo no quiero a alguien seguro de lo que quiere. Yo quiero a alguien seguro de que me quiere.


Y ya está. Que nunca deje de dudar, pero que me tenga claro. Que me tenga, claro. Y que me ame oscura.
Eso y que la luz al final del túnel sea alguien liándose un porro, que después de fumarlo no haya nada. Ya tuvimos suficiente.

Pasa por mi cabeza esta noche. Pon tú el vino, a la reflexión invito yo. No hace falta que me des las gracias, no tienes ninguna.
Fíjate, nadie está despierto cuando nadie duerme. Esto es algo que sé desde mal pequeña. Lo aprendí llevando los libros al colegio, en las bolsas de los ojos.

En el fondo no ha cambiado nada. En el fondo pocas veces cambia algo. Y esto es algo que sé,
porque lo he tocado. Varias veces.
Ojalá me concediesen el permiso para entrar en los sueños de otros. Así tendría algo que ver en todo esto, mientras no te concilio.

Qué turista de mí misma me siento desde que me habitas. A qué precio me estoy cobrando cada noche en este país llamado conmigo. Voy a tener que mudarme, a una cabeza que no me recuerde que olvidas. Voy a tener que mudarme a una cabeza que no me recuerde. Que no me recuerde a nada.


Vosotros
no tenéis ni idea de las horas que pienso por segundo

Yo
no tengo ni idea de en qué minuto pensasteis que las horas pasarían volando


Como si se pudiese ver al tiempo batir las alas.

Entended que no me alegre por vosotros, sabéis hacerlo solos.


Todo esto os lo digo porque en algún momento noté la hierba fría, y deseé que Roma ardiese. Y que todos los caminos llevasen a casa.


Y cuando llegué
sólo encontré más caminos
una carta de renuncia de la casa
y una escopeta cargada
de indiferencia


Ojalá nadie vuelva a subirme al cielo
si luego piensa soltarme.

Es de muy mala educación hablar de vértigo
si no has estado a mi altura.

jueves, 13 de octubre de 2016








Los días de llanto, tu diario lo relatan.
De una forma más cercana de la que pueda entender,

cualquiera de nosotros al ver lágrimas caer.
Quieres saciarte,comer y devolver las calorías,

te obsesionas con tu físico y te pesas cada día.
Cada hora notas, sientes poca evolución.
Cada día que pasa se te ve más delgada.
Y tú sigues viéndote igual aunque estás más desmejorada.
Tu amiga te aconsejaba y no la quisiste escuchar,

pides poca comida y dejas más de la mitad.
Pesas cuarenta kilos y te sigues viendo gorda,

pero no es el espejo, es tu mente que te deforma.
La que le da forma a esa falsa imagen que ves,

espejismos es lo que tu mente se quiere creer.
¿Quién decide y quién le da significado a lo perfecto?
Si ser superficial, para mí, es solo otro defecto del imperfecto ser humano.
La máquina que destruirá este mundo con sus propias manos.

jueves, 15 de septiembre de 2016





 


Alguien llora,
pero ya no soy yo.
Después de dormir con escorpiones,
me hice inmune al veneno,
le gané terreno a la valentía
y la siguiente vez que trataron de atacarme
me estaba riendo.

miércoles, 14 de septiembre de 2016





Mi fantasía sexual preferida es la tranquilidad.
No sé dejar de hablar cinco minutos como si fuésemos doctores honoris nausea en alguien. 
El amor es hacerlo, el desamor necesitar contarlo, o no. 
Cuando el plan B consista en pensar qué coño hiciste tan mal en el A, llegara la típica escena de treinta días después del hasta nunca, bajando en albornoz y ojeras a comprar tabaco. 
Desubicada como la menopausia aterrizando en el corazón, como un puticlub en un imaginarium, como un bono bus en un checkin’ online. 
Vivo de milagro y no tan muerta de prisa, curtida más en perdón que en olvido, abandonada en una gasolinera, pero al fin sin correa. 
Entendiendo por silencio una canción que no hable de lo nuestro, pero descubriendo que ninguna es buena, si además de dedicarla no asumes que podrían dedicártela a ti. 
Vendrá la rabia que es terrible porque la solemos confundir con la tristeza, que es más el temor a quedarte solo que el hecho de estarlo. 
Y volverán las oscuras golondrinas, el allende los bares, las babas de marca blanca, huir de los enamorados como de tocar restos de comida en el desagüe del fregadero, la jaula del tiempo libre, las verdades a contraluz, la quietud del reloj, los hooligans contra la caja torácica y los consejos que tanto has dado y terminaras desoyendo. 
Poner en las ies puntos que no volverán a ser suspensivos llevándote por delante la vereda de la puerta de atrás y comprender que de esta, como de tantas otras, tendrás que salir sola. 
Cuando la gente lo olvide y tú no puedas, cuando nadie sea cuerda, cuando te descubras útil de intentar subirte las mangas con los dientes al fregar los platos rotos, las instrucciones al llegar al orgasmo y al salir del infierno serán las mismas : grita todo lo que necesites, agárrate fuerte y vete.

martes, 13 de septiembre de 2016







Me dijo adiós, te echaré de menos.
Es algo triste, pero al final pierden los buenos.
Cosas del amor y sus venenos, licor de celos, dolor, besos y truenos .

Vuelvo al lugar donde la vida es gris a mi propio país, de humo blanco y de hachís.
Con un verso de Neruda en el oído: '' es corto el amor mucho más largo es el olvido ''

Así que… no busques en mi consuelo y lumbre, porque solamente puedo darte incertidumbre.
La duda desgarrada en la costumbre, el alma desnuda de la poeta que sucumbe.
Busco una frase, una cura, un presagio, algo que me salve del naufragio.
Una canción como una herida que pase inadvertida y saque al corazón de su guarida.
Porque, la vida es esto, jugarse el resto, al final todo se acaba y solo te vas con lo puesto. 

Ya no pienso en ti cada minuto, ahora solo escribo mi dolor y lo disfruto.
En esas noches que el amor está de luto, no sé si suicidarme o encenderme otro canuto.

lunes, 12 de septiembre de 2016






Sería muy injusto mirarte y decir que no fuiste nada para mi.
Sería como intentar borrar un capitulo de mi historia, de nuestra historia, capítulos que leí mil veces aún sabiendo el final. Un final de un libro lleno de buenos momentos
Tampoco sería justo ahora decir que todo fue una mierda, lo hiciste muy bien, siempre supiste cómo hacer para tenerme atada a un sentimiento, a una historia inacabada, a ti. 
Pasé los mejores momentos de mi vida entre tu risa, no lo voy a negar, sabias como hacerme sonreír incluso cuando quería romper a llorar, encontré en tus brazos el hogar donde pasar todo el invierno, donde resguardarme de la lluvia y del frío, de las despedidas, de toda la mierda que nos rodeaba, fuiste aquello que siempre quise, fuimos todo aquello que en un día soñé para un futuro perfecto. Fuiste, todo lo que se le puede pedir al amor, todo lo que se puede llegar a ser; lo fuimos todo cuando todavía éramos nosotros. 
Pero el tiempo pasa y tal vez las personas cambian, o tal vez el amor se rompe, o tal vez ese amor nunca existió y cambiamos los besos por los versos de despedida, las madrugadas por aquellos atardeceres entre lágrimas intentado explicarte lo que sentía, como veía que se perdía aquello que un día fue hogar. Tal vez fui yo quien peor lo pasó por ser quien se dio cuenta que ya no me mirabas igual, que aquel brillo de tus ojos había desaparecido poco a poco, lentamente, y ya no me mirabas como quien encuentra la libertad en otros ojos. Intenté explicártelo y... Rayadas mías me decías, y tal vez, pero cuando algo empieza a cambiar... termina cambiando todo. Y lo sabía, cada vez las peleas duraban más y ya no era suficiente con un lo siento. 
Quizá el segundo síntoma fue la forma en que me abrazaste después de aquella discusión, nunca había sentido tanto frío, tan gran vacío como aquella vez, nunca había estado tan sola como después de aquel abrazo y, como duele la soledad cuando es cosa de dos. 
Lo tercero, y quizá lo último fueron los te quieros, cuando los decías por rutina y no por sentirlo, cuando ni siquiera me mirabas a los ojos para entendernos, cuando nuestras sonrisas iban siempre en dirección contraria. 
He de confesar que fue ahí cuando acepté el final, pero no quería aceptarlo es por eso que por las noches leí nuestra historia para saber donde fallé, cuando cambiamos las sonrisas por mis lágrimas, los besos por los versos, y hacer el amor por declararnos la guerra. 
¿Qué nos paso? Donde quedaron ese par de soñadores, los de la sonrisa eterna, los de los domingos de resaca, los que fueron todo cuando no eran nada, los que luchaban contra las mareas...

viernes, 9 de septiembre de 2016

 
 
 
 
Seguiré caminando.
Seguiré por todas las emociones que unen ésta pálida piel a mis huesos desgastados.
por que lo juré....
Seguiré, descalza, pese a cortarme con los trozos de aquellos sueños rotos.
Seguiré... porque mis heridas necesitan aire nuevo para cicatrizar....
Andaré pese a no dejar huellas tras mis pasos.
Y lo haré pese a que nadie me siga
pese a estar cansada.
Seguiré, porque a mi no me dieron más opciones.

domingo, 4 de septiembre de 2016




Y es que cuando somos pequeños creemos que somos los mejores, que somos perfectos, que algún día llegaremos a ser unas princesas preciosas o unos caballeros valientes como los de los cuentos, futbolistas famosos o astronautas, o quien sabe que. Creemos que somos únicos, que somos guapos, que todos nos van a querer siempre. Sentimos que somos el centro del mundo y que nada puede seguir sin nosotros. Necesitamos atención y no tenemos dudas acerca de nada, al fin y al cabo somos niños, nada de lo que hagamos puede estar mal, no tenemos nada de lo que preocuparnos. No sabemos lo que es el amor, pensamos de la manera más ingenua posible que es algo bonito y de cuento de hadas. Y en realidad, no tenemos ni idea, no sabemos lo alejados que estamos. Pensamos que encontraremos a la primera a alguien que nos llene, a alguien que nos quiera y que sea capaz de matar monstruos por nosotros. Que nos elegirá a nosotros, sin tener en cuenta a nadie más. De todas formas, eso nos creemos, los mejores, somos una belleza, especiales, adorables, irresistibles. Y esto es así. Hasta que llega un día, en el que nos damos cuenta de la puta verdad, de un modo u otro. Nos damos cuenta de que no somos los más importantes del mundo, de que siempre habrá gente más inteligente, más guapa, mejor persona; en definitiva, mejor que tú. Y es entonces, cuando comienzas a madurar y a entender algo de la vida. Es entonces cuando comienzan las inseguridades, las preocupaciones, las comparaciones, la falta de autoestima y el miedo. El miedo a ser rechazado, a que prefieran a otras personas antes que a nosotros, a que no le gustemos a la gente o a que nadie nos quiera, incluso el miedo a estar solos. Ese jodido día, en el que la cruda realidad aparece de frente, golpeándote de una ostia. Ese día en el que dejas de ser ingenuo, dejas de ser libre y empiezas a hacerte mayor. Ese maldito día que nos llega a todos, en el que afrontamos que no somos los mejores. Es uno de los mayores disgustos de la infancia, si. Pero tiene que llegar, y al final nos damos cuenta de que sin ese día, ahora seriamos mucho peores de lo que somos.

domingo, 21 de agosto de 2016



Casi se me apaga la luz...
llegué a ser sólo el eco de una voz que un día brilló, 
pero un día renació la esperanza, la luz volvió a brillar, 
me di cuenta de qué aún estabas ahí, gritando sin miedo que creías en mi, 
latiendo con más fuerza que nunca, acelerando cada parte de mi ser 
cuando creía que estaba muerta.
Hoy por ti , querida yo interior, y por mi estoy aquí sin miedo.
Por eso me voy.
Me voy porque necesito sentir el viento rozando mis mejillas.
Me voy porque necesito sentir las olas rozando cada dedo de mis pies.
Me voy porque solo encuentro la calma lejos de todo este ruido que afecta a mi alma.
Me voy porque quiero nadar, trepar hasta lo más alto de las rocas, y sólo así sentirme libre.
Me voy.
 

miércoles, 3 de agosto de 2016



Soy la niña a la que si le preguntas de quién es te dice del cartero, del radio de aquella bicicleta que se clavó en el fémur, del cristal más pequeño de un jarabe barato para la tos, de la infección de aquel invierno, de la flema que escupe el maleducado, del impulso de la patada a la máquina de refrescos del impertinente, de la composición del Prozac, del fundido a gris, de la explosión de una bombilla azul en las fiestas de un pueblo al norte de cualquier país, del 'no hay latido', del 'hora de la muerte'.
Soy la niña a la que si le preguntas de quién es te señala los restos de sangre en un airbag, la silueta de tiza, las flores en la cuneta, la sombra de la mujer. 

Y sólo soy la niña de la casa de debajo del árbol, de la astilla de la tumba de tus parientes menos cercanos, de la pólvora que queda de la bala que usó para ver morir por primera vez a alguien y contárselo, del desgaste de la rueda antes del volantazo que salva al ciervo, del volante médico que te arranca, una a una, las plumas hasta confundirte.

La niña de la mierda entre tus uñas, la de la serotonina con la menstruación todos los días del mes, la que abraza al gato y al conejo bajo el tren, la de la pelota en el cruce que espera tu imprudencia para que no vuelvas a dormir, la de la familia china que pagará los gastos ocasionados por perjudicar al país por el suicidio de su hija menor en el metro.

Soy la niña de sus manos frías de otra. Frías como puertos de montaña cortados.

Soy la niña que si le preguntas de quién es te dice del asfalto y la nieve. 

La que se tumba desnuda en la autopista en enero. La que finge estar dormida, bocabajo, en la autopista en enero.
Y no espera ser atropellada..
Ni que la tapen.

viernes, 29 de julio de 2016





No sé si es que soy yo que últimamente observo todo con lupa o qué es lo que pasa pero me estoy dando cuenta de algo; la mayoría de las personas vivimos con un miedo constante a todo; ese miedo a no saber qué va a ser de nosotros, el miedo de si vamos a elegir bien en la vida, si seremos capaces de continuar, si lo que hago hoy es lo que realmente quiero o me hace feliz, miedo a fracasar, a que todo salga mal, miedo a los cambios o a sentirte perdido. Miedo a no encajar o a fallar. Miedo a equivocarse.

¿Por qué? Si las mejores cosas, los mejores momentos son aquellos en los que hacemos las cosas sin pensar, son esos los que más nos hacen felices. Esos en los que no puedes dejar de reírte e incluso lloras de felicidad. Tendemos a dar mil vueltas a cada cosa solo para escoger la elección correcta pero, ¿quién decide si es o no la correcta? No lo hace nadie, creo que eso es solo decisión nuestra así que no tengas miedo en hacer algo que crees que es lo correcto para la gente si eso no te hace feliz; haz lo que realmente a ti te parezca bien -aunque esté fuera de lugar- pero hazlo si realmente te hace feliz. A ver... claro que a veces hay que pensar las cosas antes que hacerlas y darle un par de vueltas pero no lo hagas con todo y disfruta de lo que te viene y de lo que venga; sin importar si en algún momento vendrán momentos malos... creo que para llorar siempre habrá tiempo pero si eso que sea mejor después de haber vivido un poco más.

Acabemos con ese miedo que tenemos a los cambios; porque sí, sabemos que muchas de las veces que algo cambia, ya nada vuelve pero crecemos, maduramos, vivimos, nos caemos y eso quieras o no, nos va a cambiar y no es malo, no lo es. Hubo un día que alguien dijo que para crecer a veces hay que saber romper con la gente, romper con el pasado e incluso con uno mismo; romper con todo eso porque cuando eso pasa nos dan la oportunidad de conocer a gente nueva, de mejorarte a ti mismo todo aquello que por dentro no te gusta, te da la oportunidad de nuevos principios por mucho que acabes de cerrar un final doloroso. Que no os dé miedo romper, de hecho se rompe a diario, rompemos a diario y aquí seguimos, a pie de cañón dispuestos a que en un futuro tengamos que volver a romper con más gente que ahora quieres pero así es la vida, se basa en riesgos que hay que saber tomar, que valgan la pena tomar y que mientras los vives, te hagan feliz.


Y, escúchame, no tengas miedo a equivocarte, habrá millones de errores en tu vida -o quizás no tantos para ti- pero en eso se basa; eso querrá decir que no dejas de intentarlo, que no dejas de luchar por ello; querrá decir que habrás dejado el miedo a un lado -ese que muchas veces no sirve de nada- y te habrás dejado la piel en ello; aunque te equivoques, porque... ¿quieres saber un secreto? Si te equivocas es porque estás haciendo algo grande, ¿sabes el qué?

Vivir.

martes, 21 de junio de 2016





Estaba loca, loca de remate,
y era guapa, guapa de cojones.
y conocía a la luna,
y bailaba rock&roll frente al espejo,
y salía
y bebía
y no se acordaba de nada al día siguiente.

Estaba rota, tanto como un trapo,
era dura, dura de roer,
y odiaba a los que no comprendían a los poetas.
Se ponía hasta el culo
lloraba, se corría su rimel

y no se acordaba de nada al día siguiente.

Dormía poco,
y tenía las ojeras más preciosas
que habían ignorado jamás.
Era la princesa de mi cuento,
la que follaba con Extremoduro sonando de fondo.


Amaba,
era capaz de amar,
por encima de cualquier boca despeinada,
de cualquier trovador de mierda,
de cualquier basura literaria que le escribía,
era jodidamente perfecta.


Sospecho que venía de otro mundo,
por eso de que nadie había logrado entenderla nunca,
aunque siempre era la que más gritaba,
y que era inmortal
por eso de sus infinitas pecas


Era la chica con la que desearíais pasear el resto de vuestra vida,
era la chica diez,
y le faltaba quererse un poco más.


Cada vez que me la encontraba por ahí,
me decía que no se acordaría de nada al día siguiente,
y aún así,
me iría a vivir con su olvido,
todos los días del resto de mi vida.

martes, 14 de junio de 2016


 



Sé que soy un pequeño escalón hasta que miras abajo
y entonces los rascacielos empiezan a parecerte una nimiedad
de un arquitecto borracho montando una pieza sobre otra.
Lo cierto es que soy una canica.
Una pequeña pieza redonda y ligera
sólo apta para equilibristas
que no encontraron el equilibrio ni lo buscaron.

No sé lo que está pasando,
por eso sé perfectamente lo que está pasando,
pero no pasa nada.
Tú nunca tendrás los brazos tan largos para frenar mis impulsos y hablo la lengua de Sabina.

El 99% de las veces que me preguntas qué estoy haciendo,
estoy haciendo como si nada.
Con la de cosas que podría hacer,
desde tocarte con la punta de un lápiz los desperfectos
hasta hacerte cosquillas con las papilas gustativas.
Pero casualmente ya no tengo tiempo para eso.

El Red Bull me da alas, pero no me despierta comiéndome entera.
Y es una pena.

Especialista en perder cosas busca que la encuentren,
camaleona en constante cambio se deja pillar. 

Si preguntas por la recompensa,
no responderá.
Seguirá corriendo
hasta chocarse con otra canica.

sábado, 11 de junio de 2016








Ella se mira al espejo y ve un precipicio, tiene el vicio inconfesable de odiar su cuerpo.
Siente que su pecho va a estallar, que sus lagrimales van a estallar.
Que
Todo
Su
Mundo
Va a estallar.
Tiene un grito atrapado en la garganta que no le deja gritar, una mirada preciosa en los ojos oculta debajo de una mentira que le han hecho creer.

Nadie la entiende. Ella sólo quiere ser una niña bonita, mirarse y no ver un desastre hecho cuerpo.
Quiere un cuerpo de revista, ser la artista, la musa, la excusa de alguien para retratarla en un lienzo.
Y entonces... entonces poco a poco se va convirtiendo en hueso, se vende por un beso, empieza a ser eso que tú le obligaste a ser.
Le empiezan a fallar las fuerzas porque piensa que ella no es una niña valiente, porque su cabeza sólo le miente.


Ella no sabe que su risa es mi música preferida, que sus ojos son como dos soles, y que vendería mi pecho por volver a verla como antes.
Que quiero recuperar a esa niña que regalaba abrazos, que no era retazos. Esa niña con su sonrisa risueña que soñaba con volar y jugaba a ser princesa.
Esa niña que, tan joven y tan bonita, joder, cuantísima primavera tienes por dentro.
Qué hay que hacer para cerrarte los ojos y que te mires adentro, que te olvides del mundo.
De las personas que te llevaron a esta sepultura.
Dime qué hay que hacer para acabar con esta mierda que te está consumiendo.
Sólo un imbécil no te miraría como una flor que,
Floreciendo,
Fue,
Es,
Y será
siempre
la más bonita.

domingo, 5 de junio de 2016







En esta vida existen tres momentos continuos. 
El primero de ellos es lo que queremos tener. El segundo sería intentar conseguirlo. Y el siguiente aprender a vivir sin el. 
Y si, son tres instantes que te muestro con la visión de alguien que mira un vaso medio vacío, como miraría alguien que ni siquiera conoce la sensación del caer de las gotas en este. Pero que irónico que es todo, porque vive en la contigua sensación del desborde de un mar por encima de los bordes del recipiente. Que ya no es la gota que colmó el vaso, si no la lágrima que libero el llanto. 
Vivo fabricando armas con flores para intentar defenderme, y salgo siempre herida.
Acarreo pesadillas que catalogo como casualidades, pero no son más que miedos llamando a la puerta de mis sueños. Y de niña creía que abriendo los ojos y apretando los párpados después el monstruo del armario desaparecería. Hasta que crecí y me dí cuenta de que no existe más bestia que la que vive dentro de mí. Aprendí que hay noches que existen para pasarlas en vela y que hay ciertos problemas que el hada madrina es incapaz de solucionar. Pero dime ¿qué son los años más que cifras que se acumulan en tu mente? ¿qué es la felicidad y donde se compra? ¿cómo y cuándo se aprende a vivir? Y si algún día lo descubres, ven aquí y me lo cuentas. Que llevo demasiadas noches en vela, muchas pesadillas que no me dejan dormir, mucha vida encima y créeme que todavía no he aprendido a vivir.

miércoles, 1 de junio de 2016


 
Un jarrón que calló, la fisura de cada una de las mudanzas es también un cenicero.
Es aquel picor que advierto en los ojos cuando el hielo arde y la lágrima no regresará al ciclo del agua.
Es esta súplica de manos frías en la fiebre, esta petición formal de caricia que ante la espera altera en golpe.
Es la alarma de no latido cuando no me das ni las migas que caen al suelo.
Es haber visto el color real de un hueso y no poder explicar a la inocencia que no deberían pintarlos de blanco.
Es gimotear agradeciendo la limosna que cae en las uñas negras de quien trabaja la tierra.
Es esa sombra burlona que te recuerda que nadie impedirá que te marches y es ese puntapié en la espinilla que te obligará a quedarte.
¿Es mi corazón muy grande o la cantidad de saliva de mi amor muy pequeña?
Es fundar una religión con tu nombre tan idéntica a las demás que me arrodillo frente a una estatua.
Es gritar enfermedad sin miedo porque ya padeciste las peores amordazada y es callar enfermedad con miedo porque ya padeciste el abandono.
Es la percepción de que la palabra abandono sólo puede ir seguida de la palabra rescate y el barro en las uñas de haber salido sola del pantano.
Es la negación de los familiares ante tu cadáver.
Es bastarme una palabra tuya y es el silencio estridente con el que castigas mi bondad.
¿Es egoísta el disolverse el pecho cuando llega la suavidad de un estoy aquí y no es el tuyo?
Es la decepción al descubrir que volcabas tu vida en un colador. 

martes, 31 de mayo de 2016


Hoy me he mirado en el espejo, y he visto a alguien nuevo.






Era alguien que no se enterraba en las dudas, y que se dejaba nacer cada mañana 
cuando el sol le abría las pestañas de par en par, alguien con tanta fuerza en la mirada que era capaz de soportar en sus pupilas el reflejo de mil derrotas, y que no se tapaba los ojos cuando quería llorar.

He visto como aprendía andar sobre el mar, como si no pudiera despegarme de mi tendencia al naufragio, como si ya no quisiera volver a la vida de capitán, sintiendo crecer el asfalto en mis venas, preguntándome una y otra vez si las líneas discontinuas de una carretera eran la metáfora de mi vida, es decir, la historia de alguien que quiso trazar su camino con los pies en el suelo, 
con un trazo firme, pero no podía evitar volarse la cabeza por algo o alguien de vez en cuando,y así,
se transformaban las sogas que parecen colgar de mis manos cuando todo me ahoga por lazos en el pelo de niñas en su primer día de colegio. Crecían flores en mi pecho, como si fuera el funeral de mi corazón, por haberlo cedido por completo a alguien. 

Mi abuelo estaba a mi lado, retirándome el pelo y recordándome que no he de tener miedo a caer, que ahora que él estaba en cielo comprendia cuando es importante aprender que ni volar siempre, 
ni vivir al ras del suelo, nos va a librar de acabar bajo tierra, que hay que vivir, vivir al límite, vivir hoy.

En esa imagen,  en esa imagen que veía en el espejo, había aprendido a coger a los que quiero de la mano bien fuerte, y a decirles ''voy a luchar'' , y me reía, me reía porque eso es lo que hay que hacer cuando te pisan continuamente la cabeza. 
Mantenía la cabeza bien alta aun con la hoja de la cuchilla escribiéndome el final en la garganta, me pitaba el oído izquierdo y en el derecho sonaba la canción favorita de mi madre.

Los últimos segundos no veía pasar mi vida delante de mis ojos, si no que cerraba los párpados y sonreía al ver a todos los que son mi vida saludándome desde el andén cuando en realidad sonaba a sonata de despedida, y así intuía mi adiós sonriendo. 

Al que van a decapitar no hace falta que se incline para despedir la función.

Shhhhh
Silencio. 
Guillotina. 

Después, después cierro el telón y con la última carta asomándome en la manga, 
con una sonrisa asomándome los labios, recuerdo aquello que me dijo alguien 
de que igual que el ignorante cree saberlo todo, el imbécil cree tenerlo todo bajo control, 
y recuerdo al espectador que solo yo escribo mi guión y mi historia, me empapo el alma de victoria,
escribo en el espejo, me escribo en la piel. 
Valiente.