martes, 25 de agosto de 2015


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Me he cortado el pelo porque no quería ser la de ayer ni la de mañana esta mañana. 
Con todos los chicles que llevo en la boca podría dibujar tu silueta en el suelo como si, alguien, te hubiese arrastrado por la noche de la escena del crimen a la papelera donde van a parar todos los peces que mueren. 

Me ha escuchado cincuenta veces seguidas llorar la misma canción. No le doy ninguna pena. 
Le he contado el final a mi película favorita para que se acabe de una puta vez.
Te he imaginado ardiendo como el maíz se convierte en palomitas. 

Llevo siete horas gritándome desde la cocina que recoja mi habitación, que ordene mi vida, que en la cama no se fuma, que me cuide. Que me cuelgue. Me llevo. Y me contesto con la confianza y el desprecio que sólo una mierda de hija le puede tener a su propia madre interior: con la violencia que debía haber guardado para los que la merecían. 

No me merezco.  

viernes, 14 de agosto de 2015


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Hace frío. 
Y el frío es motivo suficiente para renunciar a la búsqueda de calor. Quiero decir, hoy si hace frío, preferiré salvaguardame bajo esta manta.
Prefiero la enfermedad y su resignación. Prefiero un 'no hay nada que hacer' a un 'tal vez podría'.  O puedes o no, haber querido antes. 
Así que sí, me quedo mullida en el sofá, como un cojín que padece rabia, al que se le escapa la espuma por las costuras. 


Soy pequeñita, no ocupo espacio. Ni tiempo. Soy las llaves olvidadas entre las mantas de un sofá, un histérico buscando el mando diez minutos más tarde de que empiece su película favorita. Soy aquello que necesitas sólo cuando recuerdas que lo haces.
Soy urgente, como los documentos depositados encima de una mesa, que alguien exigió a otro alguien que los hizo en el último momento. Tengo la importancia que quieras darme cuando otro percibe que la tengo.


Hace frío.


Y mi desesperanzada yo, ovillada, maldice su propia tontería y teje maldad con un sólo ojo en la espalda. Como una visionaria de puñales.

Qué me he hecho.  - se repite -
Qué me he hecho yo que era la nueva bruja y la antigua reina.
Por qué clase de cigarra estúpida me he dejado ser pisoteada mientras llevaba comida a casa. 
¿Es que ya no me importo?
Es que ya no me saco a pasear vestida de jardín en invierno,
ni enamoro a los niños que me regalan caramelos
ni me gustan ya,
los malditos caramelos. 

Cómo.
Cómo has llegado a ser tan fascista y tan esclava de los demás al mismo tiempo.   
Tú, mediocre, cómo has podido.

Hace aire.

Y las ventanas me convocan al encuentro con el paisaje.  Y la ciudad parece llamarme a gritos.

Tengo hambre.


Y el hambre es motivo suficiente para comerme la noche.  

Porque todavía no estoy muerta.
Y la vida no es un motivo suficiente,
pero,
ignorante, 
tampoco.

miércoles, 12 de agosto de 2015


 beautiful, black and white, girl, photography, sad




Las mejores cartas son impuntuales; como yo, amor.
Nacen entre humo de más y canciones en misión humanitaria.
Vienen a contarte que ya no te echamos de menos,
te hemos echado mucho polvo y telarañas encima.

Cuando leas esto, abre de par en par la ventana. 
O el corazón. 
Pide un deseo que no pueda concederte y salta.

Tú que vienes de jugar al amor y no sabes que se puede perder 
en una sonrisa. 
Yo que vengo de perder al futuro y no sé si pedirte perdón o
que te alejes. 
Que ya nunca sé si hablo de necesidad o de deseo. 
Ni si estos se llevan tanto.

Son tantos pasos hacia atrás 
que me he enamorado de todas las huellas. 
Que el camino me pide demasiado
Y demasiado me suena a exceso
Y exceso me suena a bastante. 
Bien.

Tal vez no tenga besos suficientes que dar si miras en la bandeja de recibidos.

Yo pago las facturas, tú corre a salvarte con otra. 
Pero que te recuerde a mí.
Versión doblada y con subtítulos de copas que no te mereces 
ganar. 
Una versión fácil y adaptada
Que es la que a ti te gusta, 
y a ellas 
les vale.

domingo, 9 de agosto de 2015



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Yo perdí la virginidad en el sofá de un psiquiatra
cientos de veces.
Todavía la están buscando
lo cierto es que no sé
si alguna vez la tuve.


Háblame de tu infancia - me dice -
Lo siento, todavía no la conozco - le digo -
a él no le hace gracia
pero yo tampoco me río.

Tienes tanto rencor acumulado... - me dice -

Lo cierto es que no guardo rencor
por falta de espacio - le digo -

Deja de escribir - me ordena -

Entonces me callo
pago y me voy.

 
Ya no quedan prostitutas como mi psiquiatra.
 
Vuelvo no sé a qué casa descalza
como una niña vestida de flores pisando los cristales que ella misma ha elegido.

Menos mal que todavía podemos convertir el rencor en sexo
y el sexo en literatura.  - me consuelo -


Tampoco estoy tan mal
no mataría a una hormiga
pero sí a muchas personas.

No voy a mentirte pudiendo hacerte daño.
Yo no me hubiese enamorado de mí
no me culpes de tus errores

Me hablas de guerras frías
como si no tuviésemos suficiente con no creer en la primavera
Mira, yo me disuelvo
pero tú entrega de una puta vez las armas.
Recuerda que al final de cualquier lucha
es el herido el que tiene el poder de las balas.
Y que un día me besaste
como un terrorista creyendo ver un kamikaze
en una suicida.

La gente habla de la tristeza igual que de algunas personas
sin conocerla
o sin conocerte.

La hermosura también se pega,
no te alejes.

Porque el tiempo pasa volando y yo sólo tengo un par de pies
la desventaja es suficiente
para al menos
impedirle que corra.

Cuando llego no sé a qué a casa
encajo con elegancia el ritual del llanto cómodo
y me extiendo las lágrimas en lugar de limpiarlas.
No te asustes,
lloro porque no conozco otra forma de que crezca una flor.
La pena se comparte
darla es puro egoísmo.

Mi no sé qué habitación está llena de botes y bolígrafos abiertos
un marco encaja un vacío donde debería haber una puerta
no sé qué esperaba de esta historia
no va a dejar de entrar frío.

Nada es para siempre
y Nadie es perfecto
Y Nada se enamora de Nadie
y Nadie se enamora de Nada.  - me escribo a pie de página, pasadísima -

Ahora lo entiendes todo.

En la próxima consulta le diré a mi psiquiatra
que todavía no he decidido la infancia que quiero tener
que no sé a qué culparé de mis traumas de museo
de mis heridas abiertas a todos los públicos
todos los días del daño.

De esta sonrisa que me viene de serie
y de actriz
y de mentirosa
y de verdad te lo digo;

si hubiese tenido que escoger un pasado
no me hubiese quedado contigo.