domingo, 25 de septiembre de 2011



Ya lo tengo claro,existe eso que llamamos mala pata, ganas de comer que se juntan con el hambre o torpeza en el vivir y poca fortuna.Pero cuando todo lo anterior es constante y contemporáneo, es decir, todos los días y a todas horas, entonces hablamos de mala suerte con todas las letras. Mala pata es que salgas a la calle y comience a llover; mala suerte es que diluvie cuando vas en manga corta, chanclas y por supuesto sin nada de abrigo ni sitio donde refugiarte. En los pequeños detalles es donde radica la diferencia.Bueno, pues todo esto para decir sólo que yo soy de las que se sientan en el pajar y se clavan la aguja. Seguro. No creo en gafes, en males de ojo, maldiciones, ni nada por el estilo, al menos no del todo,porque siempre me acompaña mi anj y mi mano de Fátima con el ojo turco;Pero sí que hay veces que ya la vida consigue ponerte en el punto de mira, como si fueras un objetivo claro en un paintball en el que las bolas están recubiertas de espinas y están rellenas de sal, para más inri; y en esos momentos te preguntas: ¿Por qué? Una pregunta tan sencilla y que nadie sepa darle respuesta... vaya timo que es esta perra vida.