domingo, 3 de diciembre de 2017





Creo que he perdido la cuenta de las veces que he deseado desaparecer. 
Sí, leéis bien, desaparecer.
Irme, dejar, perder, olvidar..ser olvidada.

Supongo que para la gente que se queda no sería difícil hacer como si nada sin mi. He pensado eso millones de veces y sé que tengo la razón. Precisamente hoy es uno de esos días en los que me he despertado y no he encontrado sentido a nada, he abierto los ojos y desde primer momento he pensado que tendría que haberme quedado ahí, dormida, donde los problemas no parecen existir o si más no, desaparecen durante un rato. Parece que hoy me he despertado para meter la pata constantemente y para que nada me salga bien. Y ese sentimiento de impotencia, de no poder hacer nada... puede conmigo. ¿No os ha pasado nunca que hay días en los que solo necesitáis llorar? ¿días en los que sabes que a la mínima que te digan algo vas a notar que los ojos te brillan más que nunca por esas ganas tontas de llorar? Lo peor de todo no es llorar, lo peor es no tener a nadie que te diga que dejes de hacerlo. No tener a nadie que te diga 'límpiate la cara y demuestra que puedes con todo' aunque sea mentira.

Ahora me encuentro en uno de esos momentos en los que miro fijamente a la pantalla y la veo borrosa por culpa del rastro de las lágrimas, seguro que muchos entenderéis a lo que me refiero. Y no sé que me pasa, puede que esté cansada de intentar las cosas y que al final nada resulte salirme bien. Cansada de notar que no paro de joderla, cansada de sentirme insuficiente para la gente. Cansada de que el miedo controle mi vida. Es cansado estar cansada. Y por eso hay días en los que pienso irme, dejarlo todo. Empezar de nuevo. El problema es que nunca podemos, deseamos desaparecer con todas nuestras fuerzas pero no tienes ni a dónde ir, ni cómo, ni siquiera con quién desaparecerías. Miras a tu alrededor y estás sola. Ves a gente, sí, pero nadie parece darse cuenta de las ganas que tienes de irte y mandarlo todo a la mierda. Parece mentira que tú seas lo suficientemente fuerte para soportar los problemas de todos y que luego, cuando tú necesitas a alguien..no haya nadie. Y dices que no te importa, que no pasa nada, que no se preocupen. 

Que todo está bien. Y parece que funciona, siempre se me ha dado bien mentir.

domingo, 19 de noviembre de 2017




Es ahora cuando me encuentro delante de un papel en blanco esperando que algo o alguien lo llene, ya sea con unos meros garabatos, un par de fotos, o unas palabras sueltas, descoordinadas, intentando desahogar un corazón, que lo único que siente al ver esta hoja es impotencia. Impotencia de no ser capaz de escribir algo que cobre sentido, que muestre una mínima parte de los sentimientos que posee, algo, algo que le dé un respiro, de una vez por todas. Es entonces, cuando dejo que mis dedos fluyan sobre cada una de las letras que están pidiendo auxilio, intentando así formar algo que se acerque una pequeña parte de la realidad, de unas emociones fatigadas que hace mucho tiempo que perdieron su norte, y que son incapaces de lograr una manera con la cuál poder escapar, salir de una vez por todas. Y cuando por fin se deciden a huir algo dentro de mi cambia por momentos, llámalo latidos, llámalo alma, pero es algo realmente indescriptible. Es una sensación efímera, es como un susurro de tu interior que intenta salir hacia fuera sin la necesidad de pronunciar una palabra, un sonido, de mover tu boca. Simplemente, es como si las palabras fueran recorriendo poco a poco tus venas, por todo tu cuerpo, haciéndote revivir sensaciones que creías olvidadas, o que sencillamente no sabías que tenías, es sentir que hay algo dentro, algo que está gritando a voces salir, y tú lo consigues. Los dedos dejas que bailen en cada una de las letras del teclado, dejas que poco a poco canten la melodía, una canción al unísono que lentamente forman algo sólido, parecido a las sensaciones, a los sentimientos con los que convives, es como si se desprendiesen emociones por cada uno de los poros de tu piel, es como cuando la lluvia cae y danza en cada uno de los charcos, salpica, y si cierras los ojos, puedes escuchar su melodía, esto es lo mismo. Cierra los ojos, escucha que tienes dentro, desorden, caos, que se convierte en historia cuando llega a la punta de los dedos y empiezan a danzar, a danzar como la lluvia. Esa es la sensación que hacía meses que había perdido, la misma que me había hecho estar en cuarentena durante tanto tiempo, no la encontraba, era como si se hubiese desprendido de mí. Las palabras se atragantaban, las letras eran incapaces de formar una frase con sentido, con sentimiento, era como si hubiese huido de mi ellas también, pero ahora he comprendido que no, que había sido yo la que había huido de ellas. Porque a veces resulta difícil convivir con ellas, te hacen darte cuenta de lo que realmente sientes, y eso a veces acojona, nos da miedo descubrir lo que sentimos, y a mí me aterrorizaba. Pero hoy sé que nunca me habías dejado sola, no podéis hacerlo, sois parte de mí, escribir es algo que me acompaña desde hace unos años y ha sido mi válvula de escape cuando más lo he necesitado, lo único que ha conseguido hacerme sentir bien, acompañada. Escribir ha sido mi mejor medicina, y ahora, vuelvo a necesitarte más que nunca. No voy a dejarte marchar, no voy a huir de ti, otra vez no.

viernes, 15 de septiembre de 2017





Y Mia volvió.
Y cuando vuelve, todo se vuelve a romper.
Yo... Me vuelvo a romper.
Parece que todo está superado y de repente aparece, te miras al espejo y ya no te ves igual que siempre.
Sabes que siempre tienes ese puto pensamiento en la cabeza que te repite lo insuficiente que eres.
No puedes sentarte en la mesa y ver la comida, te repugna. Te da asco, te das asco.
Mia volvió y con ella todos los miedos.
Miedo a la imperfección, miedo a ser insuficiente, miedo a vivir, miedo de ti misma.
Porque tu misma eres tu enemiga.
Sabes que es lo que más te hace daño.
Donde atacarte. Donde herirte.
Y Mia se calma, nunca se va pero se calma.
Y pese a seguir teniendo esos pensamientos siempre... Puedes controlarlos.
Eres fuerte y puedes con ellos.
Mia nunca se irá, siempre vivirá en ti. Es como que tu mente está partida en dos y una la dominas tú y otra la domina ella.


Tienes que poder con Mia. Luchar contra ella y vencerla. 
Debo vencer a MIA.

Pero a veces me siento tan débil, tan vacía... que ni puedo.

viernes, 16 de diciembre de 2016



Siendo sinceros, soy todos los complejos que me estallan en los lagrimales cuando me miro a un espejo. Las ruinas que nadie podrá reconstruir jamás. 
Que no se verme sin odiarme, ni vestirme sin llorar.
Sálvame, necesito que me agarres. Vienen curvas y yo sólo llevo puesto en el pantalón el cinturón de inseguridad, que siempre consigue herirme un poquito más. 

Quiero decir que algo que está completamente roto, puede llegar a convertirse en polvo; y lo mismo pasa con las personas. 
Sopla, me estoy a punto de evaporar.
Soy 99% defectos y el porcentaje restante se resume en miedo. Si te atreves a mirar y a juzgar, no hace falta que dispares... seré yo misma quien apriete el gatillo, no me hace daño una bala más.
90 caídas, 60 espinas, 90 heridas. 

Quiero que esta pesadilla acabe ya. Yo sólo necesito ser normal. Quiero que las heridas cicatricen, en vez de sangrar.
Ser libre, no vivir atada al reflejo que me escupe el puto espejo cada mañana.
Ana ya se ha ido, ahora es Mía la que está conmigo. Dice que somos amigas y que no me va a abandonar. 

Última llamada de auxilio: tenemos que parar esto, no pronto, sino ya.

viernes, 9 de diciembre de 2016





He vuelto.
He vuelto con la apariencia de frágil, y solo estaba siendo zorra ágil, que se relame con calma los dedos.
La paciencia es una virtud que se adquiere por agotamiento, y yo ya no estoy dispuesta a que una aguja marque la hora, para saber cual es el momento.
Ahora, ya no soy la que añora la experiencia dolora, la que implora quitarse un peso y devora con ansia un beso con la sensación traidora de que aquello es amor.
He vuelto por que no quiero ser la última, aunque ría mejor. Me limo la lengua. Ya no suprimo, ni reprimo un gemido y me reanimo en una maniobra de emergencia. Vanidad en efervescencia , 
drogodependencia del ego que acaba en decadencia de conciencia, de una generación que ya no es capaz de creer en el amor. 
Vuelvo para escupir la bala, respira e inspira, exhala.
Porque la peor bala no sale cuando aprietas el gatillo, si no la que duerme enfriándote la sien.

jueves, 13 de octubre de 2016








Los días de llanto, tu diario lo relatan.
De una forma más cercana de la que pueda entender,

cualquiera de nosotros al ver lágrimas caer.
Quieres saciarte,comer y devolver las calorías,

te obsesionas con tu físico y te pesas cada día.
Cada hora notas, sientes poca evolución.
Cada día que pasa se te ve más delgada.
Y tú sigues viéndote igual aunque estás más desmejorada.
Tu amiga te aconsejaba y no la quisiste escuchar,

pides poca comida y dejas más de la mitad.
Pesas cuarenta kilos y te sigues viendo gorda,

pero no es el espejo, es tu mente que te deforma.
La que le da forma a esa falsa imagen que ves,

espejismos es lo que tu mente se quiere creer.
¿Quién decide y quién le da significado a lo perfecto?
Si ser superficial, para mí, es solo otro defecto del imperfecto ser humano.
La máquina que destruirá este mundo con sus propias manos.

miércoles, 14 de septiembre de 2016





Mi fantasía sexual preferida es la tranquilidad.
No sé dejar de hablar cinco minutos como si fuésemos doctores honoris nausea en alguien. 
El amor es hacerlo, el desamor necesitar contarlo, o no. 
Cuando el plan B consista en pensar qué coño hiciste tan mal en el A, llegara la típica escena de treinta días después del hasta nunca, bajando en albornoz y ojeras a comprar tabaco. 
Desubicada como la menopausia aterrizando en el corazón, como un puticlub en un imaginarium, como un bono bus en un checkin’ online. 
Vivo de milagro y no tan muerta de prisa, curtida más en perdón que en olvido, abandonada en una gasolinera, pero al fin sin correa. 
Entendiendo por silencio una canción que no hable de lo nuestro, pero descubriendo que ninguna es buena, si además de dedicarla no asumes que podrían dedicártela a ti. 
Vendrá la rabia que es terrible porque la solemos confundir con la tristeza, que es más el temor a quedarte solo que el hecho de estarlo. 
Y volverán las oscuras golondrinas, el allende los bares, las babas de marca blanca, huir de los enamorados como de tocar restos de comida en el desagüe del fregadero, la jaula del tiempo libre, las verdades a contraluz, la quietud del reloj, los hooligans contra la caja torácica y los consejos que tanto has dado y terminaras desoyendo. 
Poner en las ies puntos que no volverán a ser suspensivos llevándote por delante la vereda de la puerta de atrás y comprender que de esta, como de tantas otras, tendrás que salir sola. 
Cuando la gente lo olvide y tú no puedas, cuando nadie sea cuerda, cuando te descubras útil de intentar subirte las mangas con los dientes al fregar los platos rotos, las instrucciones al llegar al orgasmo y al salir del infierno serán las mismas : grita todo lo que necesites, agárrate fuerte y vete.